• Marcos Maturana

Lo que pidieron para Navidad

Actualizado: 25 de dic de 2020

Lo que voy a contarles ocurrió hace algunos días, en un universo paralelo, en un muy, pero muy parecido al nuestro, a mitad del último mes del año, en un país al sur de todo lo conocido…


- Amor, espero que los niños hayan entendido - dijo el marido, esforzándose en contener las lágrimas y evitar que se le quebrase la voz.


Ella intentó consolarle, pero también se sentía presa de la pena y frustración. Debido a la covid-19 la navidad sería distinta, más austera.


Se abrazaron…


Ya había anochecido en aquel pueblo del sur. La pareja no podía conciliar el sueño. Miraban hacia el techo, escasamente iluminado por la luz anaranjada, cálida, que desde el farol en la calle llegaba a su ventana y se colaba entre las cortinas.


Mientras tanto, Pedrito y Naty – de 9 y 7 años de edad –, que no daban crédito a lo que sus padres les habían contado, aguardaban atentos su oportunidad. Esperaron a que pasara un buen rato desde que sus padres los dejaron en la cama con esa espantosa noticia zumbando en sus cabecitas.


Como no tenían smartphones, su único acceso al virtual mundo exterior era el computador en la sala de estar, gracias a que el vecino, a quien le estaba yendo un poco mejor, compartía su wifi.


Cuando decidieron que habían esperado suficiente, caminaron en puntillas desde su habitación. Si sus padres se daban cuenta, no habría internet esa noche – y quizás por más tiempo. Y se conectaron.


Esto era ritual de cada día. En medio de la noche tenían acceso al mundo entero y a las redes sociales. Y sin la supervisión de sus padres. Sin su censura. Y cuando podían, comían galletas o tomaban jugo mientras navegaban. No es que tuvieran algo que ocultar; lo estimulante era la mezcla del sabor de lo prohibido y la sensación de libertad.


La noche era de ellos y nadie más. Navegarían donde quisieran, verían videos, fotos graciosas, reirían clandestinamente con los chistes y chatearían con otros amigos que, como ellos, actuaban al margen de la legalidad del control parental.


¿Había algo más emocionante en la vida?


Pasaron un par de horas en Facebook, hasta que escucharon ruidos de una puerta. La luz del pasillo se encendió y supieron que no podían irse a la pieza, así que apagaron la pantalla del pc y se escondieron bajo la mesa del comedor. Era mamá que iba a la cocina. Ahí se preparó un sándwich. Los niños se sorprendieron al ver que le ponía un montón de ingredientes que no eran parte de su dieta.


Luego, de lo alto de un estante sacó una lata grande de leche en polvo, de cuyo interior sacó na de las galletas caseras que había mandado la abuela. ¡Así que ahí las escondía! ¡Qué tramposa!


Cuando terminó de comer, volvió a su habitación, y los niños se escabulleron a la suya, después de sacar una galleta cada uno del mismo tarro.


****


Durante la noche, en una red social, se podía leer un post


“EL VIEJO PASCUERO NO VA A VENIR!!!!!


Mis papás nos contaron ayer que no vamos a tener regalos pa la pascua porque el viejo pascuero no va a poder venir por el Covid. No lo dejan entrar a Chile ni tampoco va a ir a otros países, por el covid porque tiene que hacer cuarentena y en el polo norte no hacen test PCR así que no nos va a poder traer regalos hasta el otro año! además que en la noche hay toque de queda lo pueden llevar preso. Estoy triste porque no podré tener mi bicicleta”


Como seguro han adivinado, Pedrito compartió al mundo lo que les fue explicado por sus padres. Los comentarios no tardaron en aparecer.


"En serio? imposible! entonces tampoco me va allegar mi bicicleta! y eso que me porté bien todo el añoo"


"AAAAAAAAhh!!! mis papás nos dijeron lo mismo!!! pensé que nos estaban mintiendo!", decía otro comentario, al parecer de un niño del mismo pueblo.


"NNOOOOOOO….mi PS5… QUÉ CHUCHA!!! Imposible que no venga!!!!"


Esa misma noche, el rumor en Facebook, Twitter, Instagram y otras redes se esparció con inédita velocidad. No sé por qué ocurrió, pero el rumor de que el Viejo Pascuero (como decimos en Chile a Santa Claus) no vendría se hizo viral: aumentaron los comentarios, los likes y las reacciones.


Cada vez más gente compartía e incluso “ampliaba” la noticia.


Se dijo que el Viejo Pascuero no podría repartir regalos porque estaba también en cuarentena, que los talleres tenían menos duendes porque algunos estaban enfermos, o porque tenian que respetar la distancia social en la factoría de santa Claus, debido a ello, menos juguetes se produjeron durante el año. Otro rumor señalaba habían detectado el virus en algunos juguetes, mientras otras fuentes sostenían que dos de los renos habían dado positivo en los test de coronavirus.


Y así muchas versiones más. ¡Los creadores de fake news estaban de fiesta!


***


La noche anterior, los padres de Pedrito y Naty, hijos del siglo XX, usaron su criterio de la vigésima centuria con sus hijos, niños del nuevo milenio, para abordar el problema que tenían esta navidad, con consecuencias que ellos nunca habrían sido capaces de anticipar.


Lo cierto es que no fue su mérito ni culpa. Con originalidad, quisieron evitar que sus hijos conocieran el sentir de las dificultades económicas en un año caótico y de encierro, pero en cierto modo, sin notarlo, les hablaron a niños de otros tiempos.


Y no fueron los únicos en recurrir a esta historia.


En el pueblo, muchos padres se pusieron de acuerdo y siguieron esta estrategia. Los que podían, les dirían a sus hijos que este año ellos se harían cargo de los regalos que el “Viejito” no podía traerles. Los que no podían costear regalos, le dirían a sus hijos lo mismo que le fue contado a Naty y Pedrito: El Viejo Pascuero no puede visitarlos esta navidad y sus obsequios tendrán que esperar al año siguiente.


La inocente mentira se transformó en un viral en internet. Con muchas mutaciones: abundaban los videos y fotos del Viejo Pascuero enfermo, renos estornudando o con mascarillas, de duendes tosiendo o con respirador artificial en hospitales cubiertos de nieve bajo feroces tormentas y rodeados de gélidos campos del polo norte.


Por otro lado los debates aumentaban en la red: ¿Existe el Viejo Pascuero? ¿Cuál es la razón detrás de su impedimento para viajar? ¿Quieren los responsables de la “plandemia” destruir la Navidad para socavar el espíritu de los niños del mundo? ¿Es la covid tan falsa como santa Claus?


Los influencer hacían videos en youtube, tik-tok y cuánta otra red se les ocurriera, todo por el codiciado tráfico a sus redes y su adicción a los likes.


Asimismo, aparecieron los post que llamaban a la cordura, recordando que el Viejo Pascuero no existe.


Por otro lado, algunos medios de periodismo perezoso no perdieron la oportunidad e hicieron artículos tiernos sobre este post, sus duplicados y las reacciones de la gente en twitter,


Y como no, los memes brotaron por montones como callampas en primavera.



***


A pesas de la enorme avalancha de (des)información que corría por internet, de los comentarios y artículos que trataban el post como algo tierno y cómico, y de aquellos que sostenían que el Viejo Pascuero era un personaje ficticio, no pocos fueron lo que insistían en su existencia: bien porfiados y negándose a aceptar cualquier evidencia que rompiera con sus preceptos de fe, los niños se mantuvieron firmes en su creencia.


Y más niños comenzaron a creer en el Viejo Pascuero. Para ellos no había duda. Él existe, y alguien no quiere que entregue sus regalos.


Alguien nos quiere robar la Navidad, aseguraban.


Entonces nació una nueva teoría de conspiración. Alguien quiere destruir la navidad. Al principio fueron relatos chistosos, pero el tema escaló más y más. Las primeras sospechas apuntaron a los productores de juguetes y al retail.


Pero no se conformaron con eso. Parecía muy simple. Había que indagar más.


Al segundo día del rumor no pocos críos culpaban a Donald Trump de propagar el virus del Covid-19 para que el Viejo Pascuero no encargara regalos a China, involucrando la Navidad en la guerra económica entre estas dos potencias.


Pues es sabido, sostenían con convicción, que hace tiempo que los talleres del polo norte no podían satisfacer por si solos la enorme demanda de juguetes de un mundo con una población que crece exponencialmente. La prueba de ello: youtubers analizaron sus regalos de navidad, muchos de los cuales decía “made in China”. ¡Qué duda cabe!


Otros sostenían que los chinos crearon el virus. Uno de sus objetivos era acabar con la influencia cultural de la navidad para disminuir la presencia de la cultura occidental en Asia y el mundo entero. Si el Viejo Pascuero quiebra, los chinos serían los únicos proveedores de juguetes del mundo – ¡más claro que el agua!


Es más, se llegó a afirmar que el Viejo Pascuero no podría repartir los regalos porque los renos estaban recibiendo ataques de radiación provenientes de sus antenas 5G.


***


Toda esta aparente humorada conspiranóica, debates en redes, artículos de periodistas perezosos que buscaban click y tráfico fácil a sus webs, comentarios en RR.SS. etc. no paraba de crecer, pese a que habían pasado tres días.


En uno de los tantos post, apareció un comentario, el cual se cree dio inicio a todo lo que sucedió después en el país al sur del mundo.


No nos podemos quedar sin navidad. TENEMOS QUE HACER ALGOOOO!!! #Devuelvanmelanavidad #Libertadalviejopascuero #viejitopascueroestamoscontigo


Y adivinen qué…


Alguien hizo algo. O, al menos, lo sugirió. Uno de los tantos niños Pro-Navidad y Pro-Viejo Pascuero decidió ponerse a tono con la situación político y social que vivía el país y publicó en cuanta red se le ocurrió:


Marcha por la visita del Viejo Pascuero. Exijamos al presidente que deje venir al viejito y le de visado sin cuarentena. No dejaremos que el gobierno nos quite los regalos que nos merecemos, si no es por las buenas es por las malas. #Navidadahora #tengoderechoalanavidad #conlanavidadnosemetan


El post era seguido de las indicaciones para la convocatoria.


Por supuesto que los comentarios no se hicieron esperar. Todos acmpañados de: #Devuelvanmelanavidad #tengoderechoalanavidad #conlanavidadnosemetan


Nos quieren robar los regalos.


Con mis regalos no se metan (que se convirtió en nuevo # ConMisRegalosNoSeMetan).


Todos, todas, todus, todes, todis A RECUPERAR LA NAVIDAAAAAA.


Así se sucedían los comentarios y los # que llamaban a la acción en distintos medios, en lo que la prensa no tardó en llamar “el estallido infantil” o “el estallido de los niños”


***


Por ahí alguien dijo que esto no prendió, pero en cuestión de horas el comentario pasó al olvido.


Haciendo caso omiso de cuarentenas y restricciones, muchos niños escaparon de sus casas para asistir a las marchas. Las autoridades – y la gente en general – entendieron que esto no era una simple humorada.


¿Cómo se podía contener una marcha de niños entre 5 y 15 años?


Unos pocos eran acompañados por adultos: aquellos con tiempo de cuidar a sus niños y que prefirieron estar ahí con ellos al saberse incapaces de contenerlos en casa.


La rabia, y más aún el deseo de salir, llevó a los pequeños a desafiar todo: la autoridad, la cuarentena, la ciencia, la covid-19 y cualquier nueva mutación. Todo. Sentían que si no podían tener su navidad, no habría nada que perder.


Y que estaban por perder la Navidad.


Así que, con carteles con fotos y mensajes de apoyo al Viejo Pascuero y con barbas falsas en sus rostros hechas con algodón, coreando “Jo-Jo-Jo” con otros cantares, los niños marcharon en las principales ciudades de aquella nación del sur del mundo, cortando el tránsito y haciendo imposible para carabineros lidiar con una revuelta que no podían contener haciendo lo mismo de siempre.


En medio de los cánticos que apagaban todo otro sonido en la capital, vestido pobremente como Viejito Pascuero, con un gorro rojo con una pelota de algodón pegada con cinta adhesiva aun extremo, polera roja y pantalones rojos con un cinturón negro de papel que imitaba el del abuelo favorito de estas fechas, un chico dejó frente al Palacio Presidencial un saco con tarjetas con firmas con peticiones, cuya demanda era tan clara y concreta como la mente de los niños:


Exigir que se autorice y facilite la venida del Viejo Pascuero para que reparta todos los regalos.


El saco fue recibido por un carabinero que cuidaba la entrada al palacio.


De momento no había ningún destrozo. Nada de rallados – salvo unos muros pintados con crayones – ni semáforos rotos. Pero sí unas aglomeraciones que hicieron temer por un súper rebrote de covid-19…


Hasta que un ministro, muy ingenioso, sonriendo le habló por televisión a los niños del país


- Niños, si no se portan bien, el Viejito Pascuero sólo les va a traer las vacunas cuando estén listas...


Y, en ese momento…


¡¡Quedó la cagá!!


***


La inocencia del movimiento quedo atrás, ahogada en una rabia profunda, sumergida en cánticos que le decían al ministro dónde podía meterse las vacunas.


¡Jo-Jo-Jo! Se escuchaba como arenga de batalla


Para contener a los furiosos niños, el uso de la fuerza fue inevitable. En algunos casos excesiva. La infraestructura pública y parte del personal de carabineros sufrió la furia desatada de los niños hacia un gobierno que no tomaba en serio sus demandas, necesidades ni sentimientos.


La prensa, por otro lado, no estaba dando abasto para cubrir la noticia y su inesperado devenir.


Mientras tanto, en las calles los letreros de cartulina y miles de dibujos fueron arrugados para formar pelotas de papel, algunas con quien sabe qué adentro. Los porotos y fideos usados en las manualidades se convirtieron en las balas del estallido de los niños.


¡Jo-Jo-jo! Vociferaban las agudas voces en las gargantas rabiosas.


Todo era arrojado con furia en esta batalla campal: bolas de papel con saliva, cajitas de leche y jugo vacías, lápices, gomas, cuadernos, papeles con mocos, entre muchos otros artículos similares volaban de un lado a otro, mientras miles de voces infantiles inundaban el centro con gritos de guerra.


Siendo justos, más que destrozos el estallido de los niños generaba suciedad. Y Ruido. Mucho ruido.


Para los periodistas resultaba imposible transmitir la noticia. No escuchaban ni sus propios pensamientos.


Para que se hagan una idea, si recuerdan como era el patio del colegio durante el recreo, se podrán imaginar el bullicio y la contaminación acústica si multiplican eso por mil, y luego por mil más.


Era ensordecedor.


En sus casas, quienes aún podían ver televisión tenían que ver las imágenes bajando el volumen al mínimo.


El resto, intentaba contactar a sus hijos, que de seguro estaban en la revuelta.


De pronto la casa de gobierno estaba rodeada, y el cordón policial, que parecía un intento de contener el agua del río con una malla, aún no era derribado por la creciente marea de pequeños humanos bulliciosos que demandaban ser escuchados.


***


Dentro de la moneda, el Presidente se preguntaba el por qué de todo ese escándalo. Ni él ni ninguno de sus asesores había podido anticiparse a esa revuelta. En su entorno familiar, y en el de sus amigos, aliados, subalternos más próximos y colaboradores no habían visto en esto sino un chiste navideño de temporada.


Ninguno de ellos había tenido que decirles a sus hijos que no habría navidad. Cuando sus hijos y nietos les preguntaban si era cierto que el Viejito Pascuero no traería regalos debido a la covid-19, ellos les habían dicho que no era cierto, que sus obsequios les iban a llegar. Sea que los trajera el Viejito o los mandara por correo mágico, los paquetes llegarían.


Y les decían la verdad, en lo que a los regalos se refiere. La ilusión se mantenía intacta. Todo estaba en orden.


Esa versión fue sistemáticamente “desmentida” en redes sociales. Fue siempre descartada como una conspiración para cubrir el hecho de que no dejarían que el Viejo Pascuero repartiera los regalos para que los papás y las mamás tuvieran que ir al mall. Y para destruir la Navidad.


Sí, una locura… que no acababa ahí.


En el gobierno, por otro lado, se sospechaba de una intervención política extranjera. ¿De qué otro modo podía explicarse el “Estallido de los Niños”?. Al menos eso dijeron en televisión. La reacción fue una lluvia de memes.


Lo cierto es que todos en el gobierno desconocían la realidad que componía las ilusiones de esos niños. Desconocían sus carencias. No imaginaban que para esos inocentes corazones el Viejito Pascuero era el único que podía remediar, o al menos aliviar un poco, la diferencia y hacer de la vida algo un poquito más comprensible y llevadera.


Algunos ni sabían que en varios hogares del país era común que los niños no recibieran obsequios en Navidad.


Y como ellos también son hijos del siglo XX, no fueron capaces de dimensionar el alcance y efecto de la masificación de internet y las redes sociales – y no los culpo, pues siendo sincero, yo tampoco lo soy.


En la reunión con los ministros el Presidente buscaba dar explicación a este fenómeno. Más importante, dar con la forma de controlarlo.


El ruido que venía desde afuera – esos miles de patios de colegio en recreo juntos – era estridente. Traspasaba los muros del palacio y hacía vibrar las ventanas de la oficina como si palpitasen al ritmo del “Jo-Jo-Jo” con la misma emoción que los infantes. Así que tenían que alzar la voz para hacerse escuchar.


Sin mayor éxito, buscaban a quien culpar de esto – sin aceptar responsabilidades –, se recriminaban mutuamente el no haber sido capaces de anticipar y se analizaba la posibilidad de aumentar las represiones.


Hasta que uno de los ministros – no el gracioso que desato esto, él se quedó callado todo el tiempo intentando que su presencia ni se notara en la reunión – dijo:


- Hay que hacer algo.


***


Media hora tardó el Presidente en pedir a los niños que callaran para hacer los anuncios desde el balcón del Palacio Presidencial. Que lo consiguiera fue un gran logro.


El paisaje era extraño y estremecedor. Sólo había niños – salvo unos pocos adultos, de seguro los papás o hermanos mayores de algunos de ellos.


Miles o millones, de todas las edades. Todas las estaturas. Hombres y mujeres. De distintos colores.


Todos aguardando lo que tuviera que decir.


Eso era lo más intimidante. Sintió que era primera vez que tenía que medir con tanto cuidado sus palabras – sin contar las conversaciones con su señora (algo en lo que todos los hombres debemos ser cuidadosos en extremo).


Las cartulinas – y unos pocos lienzos – no señalaban a movimiento político alguno. ¿Debía estar aliviado, o aún más preocupado?


Unas niñas jugaban a saltar la cuerda con los jirones de una bandera de un partido político que le era familiar (y no era de sus aliados). Otros jugaban a la pelota. La mayoría atentos esperaban su discurso.


Al parecer la política de partidos no serviría para administrar un problema de imposible resolución. Y eso le asustaba. ¿Podía llegar a acuerdos con ellos?


Comenzaba a temer que no.


Según reportes que recibían en La Moneda, los niños repelieron a todos los adultos que intentaran robarles la protesta. Hacerse los simpáticos no servía con esos niños.


Por eso, cuando el Presidente comenzó a hablar fue cuando más nervioso se puso. Notó que sólo se escuchaba su voz. Los niños habían guardado silencio. Todos ellos ¿Hasta que punto estaban de bien organizados? Miles de miradas infantiles pero atentas y demandantes se clavaban en su persona, como ojos de lobos al asecho, dispuestos a actuar a la menor provocación.


***


Es quizás injusto burlarse de ese discurso llenos de tic nerviosos y tartamudeo en una situación inédita como aquella. Sintiendo el sudor frío correr por su espalda bajo la suave tela de su camisa, y a veces con un leve temblor en la voz, el Presidente hizo los anuncios.


El primero fue la petición de renuncia del ministro que se hizo el gracioso. Los niños aplaudieron y gritaron vítores al cielo unos minutos y callaron cuando el presidente pidió continuar con su discurso.


Un poco más tranquilo, con la sensación de haberse ganado a la audiencia, el presidente continuó.


Ahora venía la parte más difícil:


Dejaremos venir al Viejitoo Pascuero. Nuestro gobierno está comprometido con la navidad porque quiere la felicidad, el bienestar, la alegría, el júbilo, la dicha y ventura para todos los niños y todas las niñas del país…


El Viejito Pascuera podrá entrar al país a repartir sus regalos y la felicidad a todos los hogares. No tendrá que tramitar un visado porque como gobierno hemos decidido el derecho de entrar al territorio nacional como un ciudadano más. Por lo que sólo se le pedirá presentar con anterioridad un certificado de prueba PCR que indique que no tiene coronavirus para que pueda repartir los regalos sin poner en riesgo la salud de ustedes ni de sus seres queridos…


El presidente le dio un vistazo a los apuntes que había redactado con ayuda de sus ministros y asesores.


Mediante el presente comunicado, invitamos a venir al Viejo Pascuero para darle amor, alegría, bienestar, esperanza, calidez, sonrisas y felicidad a los niños y niñas de nuestro país…


El discruso continuó haciéndose cargo de casi todas las teorías que circulaban en internet: No se aplicarían impuestos a la introducción de los regalos al país ni se aplicaría IVA, el viejo pascuero podía circular con su trineo volador en todas las comunas y regiones del país, estuvieran en fase 1,2,3,4,5,6,7 y 8 de covid, y que emitiría un decreto ley en el cual el Estado se compromete a no aliarse con ninguna conspiración internacional – no mencionó países – contra la navidad y el Viejo Pascuero asegurando su protección mientras estuviera en territorio nacional, entre otras demandas.


El discurso se transmitió a todo el mundo, con lo que ese 19-12-2020 sería recordado como el primer Presidente que hace un discurso de invitación a Santa Claus.


Cuando la disertación terminó volvió el silencio. Luego de unos minutos, uno de los niños que vestía atuendos navideños grito a viva voz.


- ¡¿Entonces viene el viejito pascuero?!


Otra vez silencio.


- Le hemos enviado una invitación y le dejaremos entrar al país cuando él quiera – respondió el Presidente, con más nervios que convicción.


- ¿Pero viene o no? - gritó una niña, de unos 6 años de edad, que demandaba una respuesta concreta.


Silencio…


Impaciencia.


El murmullo de miles de niños aumentaba de volumen y los carabineros que custodiaban el palacio real se ponían en alerta y nerviosos otra vez.


- Haremos todo lo posible para que venga - respondió el Presidente.


Se hizo el silencio otra vez…


Todos en la moneda, Presidente, ministros, secretarios, voceros, carabineros, etc. comenzaban a inquietarse. El murmullo de los niños cobraba vida. Parecía una bestia que no se decidía a despertar del todo, pero que ya no estaba dormida.


- ¡¡Quiero una bicicleta roja con timbre de Doraemon!! - gritó una niña de 7 años a todo pulmón, rompiendo el murmullo.


Después de un par de segundos, e alzaron más voces con demandas.


- ¡¡Quiero un perrito!!


- ¡Yo un peluche de osito polar!


- ¡Que mi abuelita se mejore!


- ¡¡¡Hey, tío pascueroooo, mándame la play!!!


- ¡¡¡Que nos traiga un pollo grande con papas fritas y mil kilos de chocolates!!!


- ¡Un pololo para mi mamá! ¡Y un notebook!


- ¡¡Un celular con juegos, que no sea fome como el de mi papá!!


Después de unos minutos, todos gritaban a la vez. El presidente abandonó el balcón y cerró las ventanas para amortiguar el ruido.


Los niños se organizaron y comenzaron a escribir sus demandas para el Viejito Pascuero en las cartulinas que había en el suelo, en hojas de cuadernos que algunos andaban trayendo, en lo que sea. Las calles bullían de febril actividad.


Las cartas fueron entregadas a los carabineros que custodiaban el palacio. Montones de misiva improvisadas que iban dirigidas al Presidente.


- ¡Señor Presidente, ahí le dejamos nuestra lista de regalo para que se la mande al Viejito Pascuero!


Con ello, los niños traspasaron la responsabilidad al mandatario, haciéndole, por fuerza, testigo de las peticiones de los niños para Navidad. Así no habría forma de que Santa Claus no se enterara de lo que querían los niños del país al sur del mundo.


Finalmente, entre cantos, gritos y juegos, de manera pacífica los niños se fueron a sus hogares.


***


No he tenido oportunidad de seguir los acontecimientos. Enterarse de lo que ocurre en un mundo paralelo no es nada fácil. Si puedo contactarme otra vez con mi “fuente” (es el papá de Naty y Pedrito, pero no le cuenten a nadie, o creerán que estoy loco) les contaré por aquí como sigue esta historia.


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