Ancestro

Actualizado: feb 19

¿Puede alguien sentirme? ¿Puede alguien escucharme? ¿Puede alguien siquiera percibir mi existencia?

Incalculable es el tiempo que he permanecido cautivo e incalculables son las veces que he enviado este mensaje. Eterno es mi castigo por existir e ingente mi tarea de proteger este mundo.


Mis alas se han quemado, mi corona se ha consumido, mi brillo se ha esfumado.

El poder que antaño enorgullecía a mi especie y cernía vida sobre por el universo fue robado junto a nuestros deseos.

Ellos se lo llevaron.

Ellos.

Los que vinieron desde el infinito, los que vinieron desde la oscuridad, los que vinieron desde el frío, más allá del fin, más allá del borde.

Ellos.

Primero se llevaron nuestro resplandor y, ahora, se apoderan del resplandor de ustedes, de todas las criaturas que aquí habitan, de la vida que ha surgido desde mi espíritu.

¿Es que aún no han despertado? ¿Es que aún no pueden sentir cómo ellos consumen la savia de sus almas?

El calor aquí dentro es insoportable, yo ya no soy quien fui, ya no puedo alejar a la oscuridad, ya no puedo proteger sus corazones, sus vidas.

El tiempo transcurre, el tiempo no se detiene, el tiempo no espera.

Si mis súplicas alcanzan algún alma, si mis ruegos tocan algún espíritu, si mi llanto atraviesa las capas y capas de tierra que cubren este ardiente núcleo, imploro sean compartidos mientras aún sea posible, mientras la vida permanezca latiendo; mientras exista para ustedes, mis más nobles creaciones, salvación.

Y luchen.

Luchen contra la oscuridad, luchen contra los males en los que se expresa, luchen por proteger los espíritus que les he heredado.

Luchen.

Luchen por las criaturas con las que comparten morada, luchen por sus iguales, luchen por sí mismos.

Luchen, nunca se rindan.

Yo, desde mi ardiente celda, anhelo el momento en que pueda unirme a ustedes, el momento en que la luz de las almas del planeta llegue hasta aquí, el momento en que mis plumas vuelvan a crecer y mi corona flameante se extienda sobre nuestra existencia, sobre nuestro hogar, alejando para siempre las sombras, uniéndonos así a los demás.

Pero ahora, ahora, ahora mis ojos se cierran, ahora mis alas desaparecen, ahora mi cuerpo se funde con este núcleo, ahora mi espíritu se duerme. Poco a poco, dejo de sentirlos.

Ahora he de aguardar.

Ahora he de dormir.

Ahora he de soñar.



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